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El tiempo no ha pasado

La noches son estrelladas. Arriba desfilan las constelaciones que me llevan a ella. La luz de una luna creciente alumbra ese lugar donde descansa. Está cerca de mis manos, pero tan lejos de mi corazón. La fragua encendida de mi amor, no me permite olvidarla, solo puedo recordarla y nada más. Es la misma noche que nos cubre, es la misma noche que nos separa. Puedo verla en mi memoria, pero ya no con mis ojos. Escribo versos cuando su rostro sonriente se dibuja en mi mente. Y cuando la nostalgia por su piel trigueña estremece mis dedos, mis manos se pierden en la fría pared de mi habitación. No es ella, es cierto, pero cuánto quisiera. No está conmigo, ni lo estará. Se perderá su recuerdo algún día, como las estrellas fugaces que desaparecen después de brillar; pero ese día no llega. Hoy la quiero como antes, pero mañana... mañana también.

Sueño de amor II

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Puedo dormir esta noche contigo, o puedo no dormir esta noche contigo. Arrodillado en el altar de tu corazón, o arrodillado en el altar de tu olvido. Construyendo un mundo para los dos. o soñando un mundo alternativo.   Igualmente pensaré en ti, igualmente soñaré contigo.   Besaré el aire que respiras, o besaré tu memoria afligido. Te abrazaré hasta unirte a mí, o te imaginaré unida conmigo. Hablaremos hasta el amanecer, o hablaremos en mi desvarío.   Igualmente pensaré en ti, igualmente soñaré contigo.  

Suspiro desencadenado

Un suspiro lejano a mi oído ha llegado, como peregrino de tierras profanas, colmado de angustia y dolor, abrumándome con su pena, hasta quedar yo conmovido y gritar en su dirección: ¡Libertad! Para el corazón cautivo. En ese expresivo hálito, no son uno ni dos, son largos los versos que vuelan escritos sobre el viento; líneas de profunda emoción que delatan los sentimientos más ocultos, de aquel que a distancia no contuvo su aliento... y lloró .   Las palabras de su alma contrita, compungidas por la angustia de un desamor, declamaron un poema con sangre; eran versos conjurados con rimas para inflamar el viento, hasta que un huracán apasionado desató. Entre todo este lamento, sus lágrimas causaron tempestades, llenando quebradas y valles, con ríos y mares; los desiertos florecieron, pero el mal tiempo toda vida arrancó. Cuando aquella noche se volvió muy oscura, le embargó un profundo sopor que un ángel le regaló, para cortar la pena y su temperamento, hasta que en el cielo ...

Sacramento de olvido

Amada, En el crisol de la distancia, se consume mi sueño. En la noche apagada, me pierdo en la penumbra. Soy una sombra oscura, que camina sin parar. No volveré a verte, pero te extraño. No estaré en tu vida, pero te amo. En la eucaristía de mi soledad, beberé del cáliz de tu ausencia, guardaré la hostia con reverencia, pero llegará el día que la tire al mar.

Viento del norte

Sentado, al pie del campanario, antes que el reloj alcance las doce, contemplo el firmamento, en busca de una estrella que ilumine esta oscuridad, como tu presencia iluminó la mía, anoche. El viento que viaja al norte, espera los versos que te dedico, entonces escribo con rapidez, para no perder el transporte. Y cuando las manecillas marquen la medianoche, remitiré estas líneas, que llegarán como un susurro, cuando por la mañana, sientas como la brisa primaveral, acaricia tu rostro. Las campanas de la catedral ya repican, la constelación de Orión se alza sobre la torre, miro al norte y entono cada palabra, pero he reservado tu nombre, con la esperanza de decírtelo, cuando tu mirada y la mía, se confundan en una sola, como parte de un gran todo. Daniel.

Poema III (Acróstico)

Estuve perdido tanto tiempo, en tu ausencia Viendo al tiempo correr, a las constelaciones pasar Envenenado mi corazón, por una flecha traicionera Lidiando entre la vida y la muerte, con el sueño y la realidad Y no soy, el que puede olvidarte Ni aún soy, el que puede acercarse Ganaste mi corazón con tus sonrisas O me deslumbraste con el brillo de tus ojos No navegaré en la ignorancia del recuerdo Zarparé con mi velero Ante el fuerte viento del olvido Lanzándome a una búsqueda interminable Errante por siempre Si nunca llegase a encontrarte

Poema II (Te extraño)

Como las estrellas están por siempre en el firmamento Así llevaré tu nombre en mis labios Te extraño con la fuerza del mar, cuando rompe contra las rocas Con la intensidad del llanto de un niño, cuando necesita de su madre Con la profundidad de la noche, si la luna está ausente Y con el silencio eterno, de la muerte final Pero me perderé en el abismo de los afligidos Sin las notas de un piano que me acompañen en el camino Y perseguiré por siempre la aurora de tu recuerdo Sin alcanzarte jamás

Poema I (Acróstico)

Estoy perdido sin tu amor Viste mis lágrimas correr En mis arrugadas mejillas, ahora Lejos de mi estás Y aunque deseo que seamos uno Nada más seremos dos